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Últimas noticias

Septiembre misionero en el Secretariado de Misiones de Cádiz y Ceuta.

Written By MISIONES DIOCESANA de CÁDIZ y CEUTA on 25 ago. 2016 | 8:30

https://scontent-lhr3-1.xx.fbcdn.net/v/t1.0-9/14102664_10205145319552174_8433334665555174468_n.jpg?oh=846635b74a41e3a6e0fc88961d75861a&oe=585EC655En plena faena para DOMUND 2016 "SAL DE TU TIERRA",  el Secretariado ya mira al mes de septiembre.

 

Se empezará el día 15 de septiembre (fecha rectificada), jueves, con la Formacion Misionera, dirigida por el Pbro. José Luís Sibón Galindo. Nos invita a participar en la Formación para el presente curso 2016-2017. Así mismo nos avanza que se tratará el Mensaje del Papa y el lema del DOMUND 2016. Y se presentará la Carpeta nº 6, "Retos para la Misión de hoy", base para la formación mensual, en la que se "ofrecen pistas interesantes para nuestro actuar cristiano". 

Nos espera a todos el próximo jueves, 15 de septiembre, a las 18'00hs. en el Secretariado diocesano de Misiones, en c/ Hospital de Mujeres (Obispado de Cádiz).

El martes 6, en el Monasterio del Corpus Christi y san José (Cádiz); el 19, viernes, en el Monasterio de Ntra. Sra. de la Piedad (Cádiz), y el martes 30, en el Monasterio de la Stma. Trinidad (San Fernando), se rezará por los misioneros diocesanos.

En el mes de agosto la intención evangelizadora del papa Francisco es Vivir el Evangelio: "Para que los cristianos vivan la exigencia del Evangelio dando testimonio de fe, honestidad y amor al prójimo.

Ya vemos que las actividades misioneras empiezan a calentar motores. El 30 de septiembre, además, tendremos presente a santa Teresa de Lisieux ya que ese día falleció, aunque su día de celebración es el 1 de octubre.

https://scontent-lhr3-1.xx.fbcdn.net/v/t1.0-9/14064039_10205145319592175_2911094885075977419_n.jpg?oh=3282cbd6c91539645d5bf1bec8602668&oe=5849B461Podemos unirnos, a cuantas posibilidades aquí se nos ofrecen, y también invitar a cuantos consideremos a orar por los misioneros. Acudiendo a la oferta presentada y que será ampliada o también desde nuestros respectivos lugares, como hacen muchos enfermos misioneros.

Os facilitamos el tríptico que Obras Misionales Pontificias facilita para la ocasión. (pincha sobre la foto y se te abrirá el tríptico)

Por último, tenemos la feliz noticia de que varios jóvenes diocesanos han tenido experiencia de #VeranoMision. Vivencias junto a inmigrantes y damnificados por el terremoto en Ecuador. Esperemos pronto poder compartir de cuanto han recibido.

Seguimos en contacto por las Redes Sociales.

Revista Misioneros de verano 2016

Written By MISIONES DIOCESANA de CÁDIZ y CEUTA on 17 ago. 2016 | 8:55

Papa Francisco, Revista Misioneros
El director de la Revista Misioneros, Alfonso Blas, nos remite una introducción a la Revista de verano.

El decimocuarto viaje internacional del pontificado ha conducido al papa Francisco al Cáucaso, concretamente a Armenia, “la primera nación cristiana”. A este asunto dedica sus páginas centrales la revista Misioneros de verano. En las pocas más de 50 horas que ha durado la visita –la primera etapa de un periplo que a finales de septiembre le llevará también a los países vecinos de Georgia y Azerbaiyán-, Francisco ha ofrecido un sentido tributo a las víctimas del que fue el primer genocidio del siglo XX y que se cobró la vida de entre 1,2 y 1,5 millones de personas de esta nación. “Rindo homenaje –dijo el Papa- al pueblo armenio, que, iluminado por la luz del Evangelio, incluso en los momentos más trágicos de su historia, siempre ha encontrado en la cruz y la resurrección de Cristo la fuerza para levantarse de nuevo y reemprender el camino con dignidad”. Durante la estancia, el Santo Padre también ha tenido la oportunidad de estrechar lazos con la Iglesia apostólica armenia, a la que pertenece el 95% de los tres millones de habitantes del país.

Perú y las elecciones que el pasado 5 de junio han tenido lugar en el país andino son el tema que la revista Misioneros aborda en el reportaje de su sección “Primer Plano”. Unos comicios que han sido los más reñidos de cuantos ha vivido la nación en toda su historia. 42.597 papeletas, de un total de 17,1 millones, son las que han dado la victoria a Pedro Pablo Kuczynski (Peruanos por el Kambio, PKK) sobre Keiko Fujimori (Fuerza Popular). El nuevo presidente tiene de peruano lo justo. De hecho, es considerado un “gringo simpático” por gran parte de la población. La corrupción y la inseguridad serán los dos grandes retos a afrontar por Kuczynski.

OMP, Revista MisionerosLa sección “Iglesia a fondo” de Misioneros está dedicada a la Pontificia Unión Misional (PUM); la más joven de las Obras Misionales que, sin embargo, celebrará el 31 de octubre de este 2016 su más redondo cumpleaños, su primer siglo: ¡100 años de vida! Hoy, la PUM, que surgió para animar a los animadores, para ser el despertador de la conciencia misionera, continúa realizando un esfuerzo constante de sensibilización entre los sacerdotes, religiosos, religiosas y animadores de las comunidades cristianas, para que el ideal misionero se traduzca en formas adecuadas de pastoral y catequesis.

La revista Misioneros completa su oferta informativa con una interesante entrevista a un misionero en China o el testimonio del primer sacerdote nativo de Mongolia. Sin olvidar sus habituales secciones de “Cultura”, “Carismas Misioneros”, “Tribuna”, “Editorial”…

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA XXXI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD 2016

Written By Pepe on 22 jul. 2016 | 12:08

OMP, Papa Francisco, JMJ Cracovia 2106,

«Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» (Mt 5,7)


Queridos jóvenes:

Hemos llegado ya a la última etapa de nuestra peregrinación a Cracovia, donde el próximo año, en el mes de julio, celebraremos juntos la XXXI Jornada Mundial de la Juventud. En nuestro largo y arduo camino nos guían las palabras de Jesús recogidas en el “sermón de la montaña”. Hemos iniciado este recorrido en 2014, meditando juntos sobre la primera de las Bienaventuranzas: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos» (Mt 5,3). Para el año 2015 el tema fue «Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios» (Mt 5,8). En el año que tenemos por delante nos queremos dejar inspirar por las palabras: «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» (Mt 5,7).

1. El Jubileo de la Misericordia
Con este tema la JMJ de Cracovia 2016 se inserta en el Año Santo de la Misericordia, convirtiéndose en un verdadero Jubileo de los Jóvenes a nivel mundial. No es la primera vez que un encuentro internacional de los jóvenes coincide con un Año jubilar. De hecho, fue durante el Año Santo de la Redención (1983/1984) que San Juan Pablo II convocó por primera vez a los jóvenes de todo el mundo para el Domingo de Ramos. Después fue durante el Gran Jubileo del Año 2000 en que más de dos millones de jóvenes de unos 165 países se reunieron en Roma para la XV Jornada Mundial de la Juventud. Como sucedió en estos dos casos precedentes, estoy seguro de que el Jubileo de los Jóvenes en Cracovia será uno de los momentos fuertes de este Año Santo.
Quizás alguno de ustedes se preguntará: ¿Qué es este Año jubilar que se celebra en la Iglesia? El texto bíblico del Levítico 25 nos ayuda a comprender lo que significa un “jubileo” para el pueblo de Israel: Cada cincuenta años los hebreos oían el son de la trompeta (jobel) que les convocaba (jobil) para celebrar un año santo, como tiempo de reconciliación (jobal) para todos. En este tiempo se debía recuperar una buena relación con Dios, con el prójimo y con lo creado, basada en la gratuidad. Por ello se promovía, entre otras cosas, la condonación de las deudas, una ayuda particular para quien se empobreció, la mejora de las relaciones entre las personas y la liberación de los esclavos.
Jesucristo vino para anunciar y llevar a cabo el tiempo perenne de la gracia del Señor, llevando a los pobres la buena noticia, la liberación a los cautivos, la vista a los ciegos y la libertad a los oprimidos (cfr. Lc 4,18-19). En Él, especialmente en su Misterio Pascual, se cumple plenamente el sentido más profundo del jubileo. Cuando la Iglesia convoca un jubileo en el nombre de Cristo, estamos todos invitados a vivir un extraordinario tiempo de gracia. La Iglesia misma está llamada a ofrecer abundantemente signos de la presencia y cercanía de Dios, a despertar en los corazones la capacidad de fijarse en lo esencial. En particular, este Año Santo de la Misericordia «es el tiempo para que la Iglesia redescubra el sentido de la misión que el Señor le ha confiado el día de Pascua: ser signo e instrumento de la misericordia del Padre» (Homilía en las Primeras Vísperas del Domingo de la Divina Misericordia, 11 de abril de 2015).

2. Misericordiosos como el Padre
El lema de este Jubileo extraordinario es: «Misericordiosos como el Padre» (cfr. Misericordiae Vultus, 13), y con ello se entona el tema de la próxima JMJ. Intentemos por ello comprender mejor lo que significa la misericordia divina.
El Antiguo Testamento, para hablar de la misericordia, usa varios términos; los más significativos son los de hesed y rahamim. El primero, aplicado a Dios, expresa su incansable fidelidad a la Alianza con su pueblo, que Él ama y perdona eternamente. El segundo, rahamim, se puede traducir como “entrañas”, que nos recuerda en modo particular el seno materno y nos hace comprender el amor de Dios por su pueblo, como es el de una madre por su hijo. Así nos lo presenta el profeta Isaías: «¿Se olvida una madre de su criatura, no se compadece del hijo de sus entrañas? ¡Pero aunque ella se olvide, yo no te olvidaré!» (Is 49,15). Un amor de este tipo implica hacer espacio al otro dentro de uno, sentir, sufrir y alegrarse con el prójimo.
En el concepto bíblico de misericordia está incluido lo concreto de un amor que es fiel, gratuito y sabe perdonar. En Oseas tenemos un hermoso ejemplo del amor de Dios, comparado con el de un padre hacia su hijo: «Cuando Israel era niño, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo. Pero cuanto más los llamaba, más se alejaban de mí; […] ¡Y yo había enseñado a caminar a Efraím, lo tomaba por los brazos! Pero ellos no reconocieron que yo los cuidaba. Yo los atraía con lazos humanos, con ataduras de amor; era para ellos como los que alzan a una criatura contra sus mejillas, me inclinaba hacia él y le daba de comer» (Os 11,1-4). A pesar de la actitud errada del hijo, que bien merecería un castigo, el amor del padre es fiel y perdona siempre a un hijo arrepentido. Como vemos, en la misericordia siempre está incluido el perdón; ella «no es una idea abstracta, sino una realidad concreta con la cual Él revela su amor, que es como el de un padre o una madre que se conmueven en lo más profundo de sus entrañas por el propio hijo. […] Proviene desde lo más íntimo como un sentimiento profundo, natural, hecho de ternura y compasión, de indulgencia y de perdón» (Misericordiae Vultus, 6).
El Nuevo Testamento nos habla de la divina misericordia (eleos) como síntesis de la obra que Jesús vino a cumplir en el mundo en el nombre del Padre (cfr. Mt 9,13). La misericordia de nuestro Señor se manifiesta sobre todo cuando Él se inclina sobre la miseria humana y demuestra su compasión hacia quien necesita comprensión, curación y perdón. Todo en Jesús habla de misericordia, es más, Él mismo es la misericordia.
En el capítulo 15 del Evangelio de Lucas podemos encontrar las tres parábolas de la misericordia: la de la oveja perdida, de la moneda perdida y aquélla que conocemos como la del “hijo pródigo”. En estas tres parábolas nos impresiona la alegría de Dios, la alegría que Él siente cuando encuentra de nuevo al pecador y le perdona. ¡Sí, la alegría de Dios es perdonar! Aquí tenemos la síntesis de todo el Evangelio. «Cada uno de nosotros es esa oveja perdida, esa moneda perdida; cada uno de nosotros es ese hijo que ha derrochado la propia libertad siguiendo ídolos falsos, espejismos de felicidad, y ha perdido todo. Pero Dios no nos olvida, el Padre no nos abandona nunca. Es un padre paciente, nos espera siempre. Respeta nuestra libertad, pero permanece siempre fiel. Y cuando volvemos a Él, nos acoge como a hijos, en su casa, porque jamás deja, ni siquiera por un momento, de esperarnos, con amor. Y su corazón está en fiesta por cada hijo que regresa. Está en fiesta porque es alegría. Dios tiene esta alegría, cuando uno de nosotros pecadores va a Él y pide su perdón» (Ángelus, 15 de septiembre de 2013).
La misericordia de Dios es muy concreta y todos estamos llamados a experimentarla en primera persona. A la edad de diecisiete años, un día en que tenía que salir con mis amigos, decidí pasar primero por una iglesia. Allí me encontré con un sacerdote que me inspiró una confianza especial, de modo que sentí el deseo de abrir mi corazón en la Confesión. ¡Aquel encuentro me cambió la vida! Descubrí que cuando abrimos el corazón con humildad y transparencia, podemos contemplar de modo muy concreto la misericordia de Dios. Tuve la certeza que en la persona de aquel sacerdote Dios me estaba esperando, antes de que yo diera el primer paso para ir a la iglesia. Nosotros le buscamos, pero es Él quien siempre se nos adelanta, desde siempre nos busca y es el primero que nos encuentra. Quizás alguno de ustedes tiene un peso en el corazón y piensa: He hecho esto, he hecho aquello… ¡No teman! ¡Él les espera! Él es padre: ¡siempre nos espera! ¡Qué hermoso es encontrar en el sacramento de la Reconciliación el abrazo misericordioso del Padre, descubrir el confesionario como lugar de la Misericordia, dejarse tocar por este amor misericordioso del Señor que siempre nos perdona!
Y tú, querido joven, querida joven, ¿has sentido alguna vez en ti esta mirada de amor infinito que, más allá de todos tus pecados, limitaciones y fracasos, continúa fiándose de ti y mirando tu existencia con esperanza? ¿Eres consciente del valor que tienes ante Dios que por amor te ha dado todo? Como nos enseña San Pablo, «la prueba de que Dios nos ama es que Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores» (Rom 5,8). ¿Pero entendemos de verdad la fuerza de estas palabras?
Sé lo mucho que ustedes aprecian la Cruz de las JMJ – regalo de San Juan Pablo II – que desde el año 1984 acompaña todos los Encuentros mundiales de ustedes. ¡Cuántos cambios, cuántas verdaderas y auténticas conversiones surgieron en la vida de tantos jóvenes al encontrarse con esta cruz desnuda! Quizás se hicieron la pregunta: ¿De dónde viene esta fuerza extraordinaria de la cruz? He aquí la respuesta: ¡La cruz es el signo más elocuente de la misericordia de Dios! Ésta nos da testimonio de que la medida del amor de Dios para con la humanidad es amar sin medida! En la cruz podemos tocar la misericordia de Dios y dejarnos tocar por su misericordia. Aquí quisiera recordar el episodio de los dos malhechores crucificados junto a Jesús. Uno de ellos es engreído, no se reconoce pecador, se ríe del Señor; el otro, en cambio, reconoce que ha fallado, se dirige al Señor y le dice: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino». Jesús le mira con misericordia infinita y le responde: «Hoy estarás conmigo en el Paraíso» (cfr. Lc 23,32.39-43). ¿Con cuál de los dos nos identificamos? ¿Con el que es engreído y no reconoce sus errores? ¿O quizás con el otro que reconoce que necesita la misericordia divina y la implora de todo corazón? En el Señor, que ha dado su vida por nosotros en la cruz, encontraremos siempre el amor incondicional que reconoce nuestra vida como un bien y nos da siempre la posibilidad de volver a comenzar.

3. La extraordinaria alegría de ser instrumentos de la misericordia de Dios
La Palabra de Dios nos enseña que «la felicidad está más en dar que en recibir» (Hch 20,35). Precisamente por este motivo la quinta Bienaventuranza declara felices a los misericordiosos. Sabemos que es el Señor quien nos ha amado primero. Pero sólo seremos de verdad bienaventurados, felices, cuando entremos en la lógica divina del don, del amor gratuito, si descubrimos que Dios nos ha amado infinitamente para hacernos capaces de amar como Él, sin medida. Como dice San Juan: «Queridos míos, amémonos los unos a los otros, porque el amor procede de Dios, y el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. […] Y este amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó primero, y envió a su Hijo como víctima propiciatoria por nuestros pecados. Queridos míos, si Dios nos amó tanto, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros» (1 Jn 4,7-11).
Después de haberles explicado a ustedes en modo muy resumido cómo ejerce el Señor su misericordia con nosotros, quisiera sugerirles cómo podemos ser concretamente instrumentos de esta misma misericordia hacia nuestro prójimo.
Me viene a la mente el ejemplo del beato Pier Giorgio Frassati. Él decía: «Jesús me visita cada mañana en la Comunión, y yo la restituyo del mísero modo que puedo, visitando a los pobres». Pier Giorgio era un joven que había entendido lo que quiere decir tener un corazón misericordioso, sensible a los más necesitados. A ellos les daba mucho más que cosas materiales; se daba a sí mismo, empleaba tiempo, palabras, capacidad de escucha. Servía siempre a los pobres con gran discreción, sin ostentación. Vivía realmente el Evangelio que dice: «Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto» (Mt 6,3-4). Piensen que un día antes de su muerte, estando gravemente enfermo, daba disposiciones de cómo ayudar a sus amigos necesitados. En su funeral, los familiares y amigos se quedaron atónitos por la presencia de tantos pobres, para ellos desconocidos, que habían sido visitados y ayudados por el joven Pier Giorgio.
A mí siempre me gusta asociar las Bienaventuranzas con el capítulo 25 de Mateo, cuando Jesús nos presenta las obras de misericordia y dice que en base a ellas seremos juzgados. Les invito por ello a descubrir de nuevo las obras de misericordia corporales: dar de comer a los hambrientos, dar de beber a los sedientos, vestir a los desnudos, acoger al extranjero, asistir a los enfermos, visitar a los presos, enterrar a los muertos. Y no olvidemos las obras de misericordia espirituales: aconsejar a los que dudan, enseñar a los ignorantes, advertir a los pecadores, consolar a los afligidos, perdonar las ofensas, soportar pacientemente a las personas molestas, rezar a Dios por los vivos y los difuntos. Como ven, la misericordia no es “buenismo”, ni un mero sentimentalismo. Aquí se demuestra la autenticidad de nuestro ser discípulos de Jesús, de nuestra credibilidad como cristianos en el mundo de hoy.
A ustedes, jóvenes, que son muy concretos, quisiera proponer que para los primeros siete meses del año 2016 elijan una obra de misericordia corporal y una espiritual para ponerla en práctica cada mes. Déjense inspirar por la oración de Santa Faustina, humilde apóstol de la Divina Misericordia de nuestro tiempo:
«Ayúdame, oh Señor, a que mis ojos sean misericordiosos, para que yo jamás recele o juzgue según las apariencias, sino que busque lo bello en el alma de mi prójimo y acuda a ayudarla […]
a que mis oídos sean misericordiosos para que tome en cuenta las necesidades de mi prójimo y no sea indiferente a sus penas y gemidos […]
a que mi lengua sea misericordiosa para que jamás hable negativamente de mis prójimos sino que tenga una palabra de consuelo y perdón para todos […]
a que mis manos sean misericordiosas y llenas de buenas obras […]
a que mis pies sean misericordiosos para que siempre me apresure a socorrer a mi prójimo, dominando mi propia fatiga y mi cansancio […]
a que mi corazón sea misericordioso para que yo sienta todos los sufrimientos de mi prójimo» 
(Diario 163).
El mensaje de la Divina Misericordia constituye un programa de vida muy concreto y exigente, pues implica las obras. Una de las obras de misericordia más evidente, pero quizás más difícil de poner en práctica, es la de perdonar a quien te ha ofendido, quien te ha hecho daño, quien consideramos un enemigo. «¡Cómo es difícil muchas veces perdonar! Y, sin embargo, el perdón es el instrumento puesto en nuestras frágiles manos para alcanzar la serenidad del corazón. Dejar caer el rencor, la rabia, la violencia y la venganza son condiciones necesarias para vivir felices» (Misericordiae Vultus, 9).
Me encuentro con tantos jóvenes que dicen estar cansados de este mundo tan dividido, en el que se enfrentan seguidores de facciones tan diferentes, hay tantas guerras y hay incluso quien usa la propia religión como justificación para la violencia. Tenemos que suplicar al Señor que nos dé la gracia de ser misericordiosos con quienes nos hacen daño. Como Jesús que en la cruz rezaba por aquellos que le habían crucificado: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34). El único camino para vencer el mal es la misericordia. La justicia es necesaria, cómo no, pero ella sola no basta. Justicia y misericordia tienen que caminar juntas. ¡Cómo quisiera que todos nos uniéramos en oración unánime, implorando desde lo más profundo de nuestros corazones, que el Señor tenga misericordia de nosotros y del mundo entero!

4. ¡Cracovia nos espera!
Faltan pocos meses para nuestro encuentro en Polonia. Cracovia, la ciudad de San Juan Pablo II y de Santa Faustina Kowalska, nos espera con los brazos y el corazón abiertos. Creo que la Divina Providencia nos ha guiado para celebrar el Jubileo de los Jóvenes precisamente ahí, donde han vivido estos dos grandes apóstoles de la misericordia de nuestro tiempo. Juan Pablo II había intuido que este era el tiempo de la misericordia. Al inicio de su pontificado escribió la encíclica Dives in Misericordia. En el Año Santo 2000canonizó a Sor Faustina instituyendo también la Fiesta de la Divina Misericordia en el segundo domingo de Pascua. En el año 2002 consagró personalmente en Cracovia el Santuario de Jesús Misericordioso, encomendando el mundo a la Divina Misericordia y esperando que este mensaje llegase a todos los habitantes de la tierra, llenando los corazones de esperanza: «Es preciso encender esta chispa de la gracia de Dios. Es preciso transmitir al mundo este fuego de la misericordia. En la misericordia de Dios el mundo encontrará la paz, y el hombre, la felicidad» (Homilía para la Consagración del Santuario de la Divina Misericordia en Cracovia, 17 de agosto de 2002).
Queridos jóvenes, Jesús misericordioso, retratado en la imagen venerada por el pueblo de Dios en el santuario de Cracovia a Él dedicado, les espera. ¡Él se fía de ustedes y cuenta con ustedes! Tiene tantas cosas importantes que decirle a cada uno y cada una de ustedes… No tengan miedo de contemplar sus ojos llenos de amor infinito hacia ustedes y déjense tocar por su mirada misericordiosa, dispuesta a perdonar cada uno de sus pecados, una mirada que es capaz de cambiar la vida de ustedes y de sanar sus almas, una mirada que sacia la profunda sed que demora en sus corazones jóvenes: sed de amor, de paz, de alegría y de auténtica felicidad. ¡Vayan a Él y no tengan miedo! Vengan para decirle desde lo más profundo de sus corazones: “¡Jesús, confío en Ti!”. Déjense tocar por su misericordia sin límites, para que ustedes a su vez se conviertan en apóstoles de la misericordia mediante las obras, las palabras y la oración, en nuestro mundo herido por el egoísmo, el odio y tanta desesperación.
Lleven la llama del amor misericordioso de Cristo – del que habló San Juan Pablo II – a los ambientes de su vida cotidiana y hasta los confines de la tierra. En esta misión, yo les acompaño con mis mejores deseos y mi oración, les encomiendo todos a la Virgen María, Madre de la Misericordia, en este último tramo del camino de preparación espiritual hacia la próxima JMJ de Cracovia, y les bendigo de todo corazón.

Desde el Vaticano, 15 de agosto de 2015
Solemnidad de la Asunción de la Virgen María

Francisco

Tiempo de ocio, tiempo de #VeranoMisión

Written By MISIONES DIOCESANA de CÁDIZ y CEUTA on 7 jul. 2016 | 12:56

DOMUND, misiones, papa FranciscoLlega el verano, también a misiones, pero un #VeranoMisión.

Tras las jornadas formativas, hoy acaba la 69 Semana de Misionologia de Burgos, parece que empieza el descanso merecido, pero aún hay muchos que se entregarán a los mas empobrecidos en su tiempo de ocio.

Irán pensando en todo lo que van a dar y recibirán mucho mas a cambio. Vaciarán sus maletas y llenarán sus corazones.


Hemos ido compartiendo diversos enlaces y propuestas para tal fin. Y sabemos que un buen grupo de jóvenes se implicarán, junto a religiosos y religiosas, a darse en la misión.

Tampoco en el Secretariado se para, ya que el material del DOMUND 2016, bajo el lema "SAL DE TU TIERRA", está a punto de llegar y requiere manos para su preparación. 

Para ir abriéndonos a la celebración de la propagación de la fe

, podemos ir saboreando el mensaje del papa Francisco para la ocasión:

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA JORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONES
2016

Iglesia misionera, testigo de misericordia

Queridos hermanos y hermanas:

El Jubileo extraordinario de la Misericordia, que la Iglesia está celebrando, ilumina también de modo especial la Jornada Mundial de las Misiones 2016: nos invita a ver la misión ad gentes como una grande e inmensa obra de misericordia tanto espiritual como material. En efecto, en esta Jornada Mundial de las Misiones, todos estamos invitados a «salir», como discípulos misioneros, ofreciendo cada uno sus propios talentos, su creatividad, su sabiduría y experiencia en llevar el mensaje de la ternura y de la compasión de Dios a toda la familia humana. En virtud del mandato misionero, la Iglesia se interesa por los que no conocen el Evangelio, porque quiere que todos se salven y experimenten el amor del Señor. Ella «tiene la misión de anunciar la misericordia de Dios, corazón palpitante del Evangelio» (Bula Misericordiae vultus, 12), y de proclamarla por todo el mundo, hasta que llegue a toda mujer, hombre, anciano, joven y niño.

La misericordia hace que el corazón del Padre sienta una profunda alegría cada vez que encuentra a una criatura humana; desde el principio, él se dirige también con amor a las más frágiles, porque su grandeza y su poder se ponen de manifiesto precisamente en su capacidad de identificarse con los pequeños, los descartados, los oprimidos (cf. Dt 4,31; Sal 86,15; 103,8; 111,4). Él es el Dios bondadoso, atento, fiel; se acerca a quien pasa necesidad para estar cerca de todos, especialmente de los pobres; se implica con ternura en la realidad humana del mismo modo que lo haría un padre y una madre con sus hijos (cf. Jr 31,20). El término usado por la Biblia para referirse a la misericordia remite al seno materno: es decir, al amor de una madre a sus hijos, esos hijos que siempre amará, en cualquier circunstancia y pase lo que pase, porque son el fruto de su vientre. Este es también un aspecto esencial del amor que Dios tiene a todos sus hijos, especialmente a los miembros del pueblo que ha engendrado y que quiere criar y educar: en sus entrañas, se conmueve y se estremece de compasión ante su fragilidad e infidelidad (cf. Os 11,8). Y, sin embargo, él es misericordioso con todos, ama a todos los pueblos y es cariñoso con todas las criaturas (cf. Sal 144.8-9).

La manifestación más alta y consumada de la misericordia se encuentra en el Verbo encarnado. Él revela el rostro del Padre rico en misericordia, «no sólo habla de ella y la explica usando semejanzas y parábolas, sino que además, y ante todo, él mismo la encarna y personifica» (Juan Pablo II, Enc. Dives in misericordia, 2). Con la acción del Espíritu Santo, aceptando y siguiendo a Jesús por medio del Evangelio y de los sacramentos, podemos llegar a ser misericordiosos como nuestro Padre celestial, aprendiendo a amar como él nos ama y haciendo que nuestra vida sea una ofrenda gratuita, un signo de su bondad (cf. Bula Misericordiae vultus, 3). La Iglesia es, en medio de la humanidad, la primera comunidad que vive de la misericordia de Cristo: siempre se siente mirada y elegida por él con amor misericordioso, y se inspira en este amor para el estilo de su mandato, vive de él y lo da a conocer a la gente en un diálogo respetuoso con todas las culturas y convicciones religiosas.

Muchos hombres y mujeres de toda edad y condición son testigos de este amor de misericordia, como al comienzo de la experiencia eclesial. La considerable y creciente presencia de la mujer en el mundo misionero, junto a la masculina, es un signo elocuente del amor materno de Dios. Las mujeres, laicas o religiosas, y en la actualidad también muchas familias, viven su vocación misionera de diversas maneras: desde el anuncio directo del Evangelio al servicio de caridad. Junto a la labor evangelizadora y sacramental de los misioneros, las mujeres y las familias comprenden mejor a menudo los problemas de la gente y saben afrontarlos de una manera adecuada y a veces inédita: en el cuidado de la vida, poniendo más interés en las personas que en las estructuras y empleando todos los recursos humanos y espirituales para favorecer la armonía, las relaciones, la paz, la solidaridad, el diálogo, la colaboración y la fraternidad, ya sea en el ámbito de las relaciones personales o en el más grande de la vida social y cultural; y de modo especial en la atención a los pobres.

En muchos lugares, la evangelización comienza con la actividad educativa, a la que el trabajo misionero le dedica esfuerzo y tiempo, como el viñador misericordioso del Evangelio (cf. Lc 13.7-9; Jn 15,1), con la paciencia de esperar el fruto después de años de lenta formación; se forman así personas capaces de evangelizar y de llevar el Evangelio a los lugares más insospechados. La Iglesia puede ser definida «madre», también por los que llegarán un día a la fe en Cristo. Espero, pues, que el pueblo santo de Dios realice el servicio materno de la misericordia, que tanto ayuda a que los pueblos que todavía no conocen al Señor lo encuentren y lo amen. En efecto, la fe es un don de Dios y no fruto del proselitismo; crece gracias a la fe y a la caridad de los evangelizadores que son testigos de Cristo. A los discípulos de Jesús, cuando van por los caminos del mundo, se les pide ese amor que no mide, sino que tiende más bien a tratar a todos con la misma medida del Señor; anunciamos el don más hermoso y más grande que él nos ha dado: su vida y su amor.

Todos los pueblos y culturas tienen el derecho a recibir el mensaje de salvación, que es don de Dios para todos. Esto es más necesario todavía si tenemos en cuenta la cantidad de injusticias, guerras, crisis humanitarias que esperan una solución. Los misioneros saben por experiencia que el Evangelio del perdón y de la misericordia puede traer alegría y reconciliación, justicia y paz. El mandato del Evangelio: «Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado» (Mt 28,19-20) no está agotado, es más, nos compromete a todos, en los escenarios y desafíos actuales, a sentirnos llamados a una nueva «salida» misionera, como he señalado también en la Exhortación apostólica Evangelii gaudium: «Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio» (20).

En este Año jubilar se cumple precisamente el 90 aniversario de la Jornada Mundial de las Misiones, promovida por la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe y aprobada por el Papa Pío XI en 1926. Por lo tanto, considero oportuno volver a recordar la sabias indicaciones de mis predecesores, los cuales establecieron que fueran destinadas a esta Obra todas las ofertas que las diócesis, parroquias, comunidades religiosas, asociaciones y movimientos eclesiales de todo el mundo pudieran recibir para auxiliar a las comunidades cristianas necesitadas y para fortalecer el anuncio del Evangelio hasta los confines de la tierra. No dejemos de realizar también hoy este gesto de comunión eclesial misionera. No permitamos que nuestras preocupaciones particulares encojan nuestro corazón, sino que lo ensanchemos para que abarque a toda la humanidad.

Que Santa María, icono sublime de la humanidad redimida, modelo misionero para la Iglesia, enseñe a todos, hombres, mujeres y familias, a generar y custodiar la presencia viva y misteriosa del Señor Resucitado, que renueva y colma de gozosa misericordia las relaciones entre las personas, las culturas y los pueblos.

Vaticano, 15 de mayo de 2016, Solemnidad de Pentecostés

Francisco

Formación misionera y #VeranoMisión

Written By MISIONES DIOCESANA de CÁDIZ y CEUTA on 24 jun. 2016 | 11:48

misioneros, verano misión, formación misionera

Hoy, 24 de junio, onomástica de nuestro Director diocesano, Juan Piña Batista, se acaba el plazo para la inscripción a la formación misionera en la Universidad de San Dámaso.



Se llevará a cabo del 1 al 6 de julio en Segovia. Este año el curso de misionología profundiza en "comprender mejor el vínculo que hay entre la experiencia humana y la misión de la Iglesia." Y al finalizar el mismo se obtendrá el corrrespondiente Diploma acreditativo.

Otra gran oferta formativa, "Misión y diálogo interreligioso", es el título de la 69ª edición de la Semana de Misionología que tendrá lugar en Burgos este año del 4 al 7 de julio.


Y, por último, la gran formación misionera que experimentarán muchos jóvenes dará pronto comienzo en su #VeranoMisión. A mas de uno esperemos lo vivan tan profundo que  experimenten aquello de que "La oración es peligrosa... Conozco a quién oró por los misioneros de África y hoy se encuentra entre ellos".

Muchos jóvenes se preparan ya en España para vivir su #VeranoMisión. Miles de jóvenes tendrán este verano una experiencia misionera que cambiará a muchos su vida.

Confiemos en que la buena praxis, que es la mejor de las teorías, les haga decir, a más de uno, SÍ.


Tras dos meses del Terremoto en Ecuador, pbo. Andrés Drouet informa.

Written By MISIONES DIOCESANA de CÁDIZ y CEUTA on 12 jun. 2016 | 22:00

Terremoto Ecuador, pbo. Andrés Drouet, Manta, MisionerosHola a todos, queridos hermanos y compañeros:

Ya han pasado casi dos meses de aquel terremoto, que dejó devastada nuestra ciudad y parte de nuestra provincia. Para mucha gente es sólo un recuerdo, para otros fue una noticia que pasó, para otros un acontecimiento más de los muchos que ocurren en el mundo, pero para nosotros sigue marcando un antes y un después en nuestra historia.


La realidad es fuerte, pero nuestra gente con la ayuda de Dios, es mucho más fuerte.

Os pongo el ejemplo de nuestra propia ciudad, Manta con más de 230.000 habitantes:

-       El único hospital público que tiene la ciudad es de cuatro pisos, dos de ellos están colapsados, por tanto inutilizados, a la gente la atienden en el parqueadero.

-       El único hospital del IESS (Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social) ya ha sido demolido en su totalidad, ya que el terremoto hizo la primera parte. Todos los médicos han sido redistribuidos en distintos lugares, en nuestra parroquia hemos habilitado cuatro aulas de catequesis para convertirlas en consultorios, para dar cabida a nueve médicos y que puedan atender aquí a la gente que lo necesita.

-       La clínica Manta, la primera de las clínicas privadas que tenía la ciudad, ha sido también, terminada de demoler.

-       Tres clínicas privadas más también cerraron por daños estructurales y de paredes.

-       Quedan en funcionamiento solamente unos cuantos centros de salud y las brigadas médicas que funcionan de dos parroquias, una de esas es la nuestra.

-       La zona más afectada, llamada aquí zona cero, porque ha quedado devastada, es la parte en la que nació la ciudad: Tarqui, el Jocay y Miraflores. En el resto de la ciudad hay casa, edificios, locales e Iglesias  caídas, el proceso de retirar los escombros es lento, muy lento, faltan máquinas y personal. Da la impresión de que la ciudad ha sido bombardeada por varios lugares.

-       El número oficial de víctimas mortales en la ciudad por el terremoto es de 210 personas, aunque al parecer han superado las 400.

-       En algunos lugares aún no hay abastecimiento de luz, ni agua, ni por supuesto teléfono.


La verdad es que podía seguir enumerando la realidad que se observa en la ciudad, pero creo que los medios de comunicación son mucho más elocuentes y explícitos, y muestran la realidad con imágenes. Por ello, no quiero quedarme sólo en lo fuerte de la realidad, sino que también os quiero hablar de la fortaleza que Dios da a nuestra gente. 
Dios ha dado a nuestra gente mucho más fuerza de la que pudo tener el terremoto. Al día siguiente todos nos levantamos algo asustados, pero también con ganas de trabajar, de salir al encuentro de quién lo necesitara, de levantar a la gente, de levantar su fe, su ánimo, su vida y también sus hogares. Ha sido una carrera imparable.

Os pongo el ejemplo que yo tengo más cercano, como Dios ha actuado en la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús, de la que soy párroco:

-       En la primera semana, se organizó una: comisión de reconstrucción. Un grupo de voluntarios de la parroquia, dispuestos a buscar los medios y las maneras de ayudar a quién lo necesite.
-       Se plantearon las urgencias y las necesidades que habían surgido y se concluyó que si queríamos levantar a nuestra gente, con la ayuda de Dios, teníamos que afrontar cinco frentes:
o   Alimentación: crear un centro de acopio (Banco de alimentos)
o   Salud: crear un centro de atención primaria (Centro de Salud)
o   Viviendas: reparar, levantar, construir o reconstruir
o   Trabajo: hay que buscar y encontrar trabajos (Banco de trabajo)
o Formación: Hay que darles las herramientas para surgir. (Centro de formación Artesanal)
-       Las ayudas comenzaron a llegar. Las aulas de la parroquia se convirtieron en bodegas improvisadas, donde almacenar las ayudas que llegaban: agua, alimentos, ropa, productos de limpieza, etc
-       Los voluntarios empezaron a venir: niños, jóvenes, adultos y mayores queriendo ofrecer sus manos y su tiempo para los que más lo necesiten.
-       Las ayudas económicas empezaron a surgir: personas, instituciones y empresas, de aquí y de allí, querían poner su granito de arena para tratar de solventar tanta necesidad. Nuestra Diócesis de Cádiz y Ceuta fue una de las primeras, que nos hizo llegar su aporte: 16.000€.
-       Los proyectos se fueron plasmando, iniciando y consolidando.
o   El Banco de Alimentos: Gracias al aporte de nuestra Diócesis de Cádiz y Ceuta, pudimos construir una plataforma en la que se han colocado contenedores que hemos adquirido y que se están aún adaptando, para que se conviertan, en pocos días, en almacén para las ayudas que esperamos seguir recibiendo, para lo que hemos contactado con varias instituciones solidarias que se han comprometido en abastecernos con algunos productos.
o   Centro de Salud y Centro de Formación Artesanal: en los terrenos de la misma Parroquia, hemos realizado estudios de suelo, elaborado planos arquitectónicos, estructurales, sanitarios y eléctricos y estamos en condiciones de poder empezar cuanto antes la construcción de éstos centros. Sólo estamos a la espera de que la Providencia de Dios nos haga llegar los recursos necesarios.  
o  Banco de Trabajo: La primera semana de Junio, hemos comenzado a capacitar a personas que se quedaron sin trabajo y que buscan un trabajo para salir adelante. Ya recibimos al primer grupo de 20 personas, con gran éxito y en ésta semana hemos conseguido colocar a seis de ellos. Confiamos seguir capacitando a personas y consiguiendo trabajos, para devolverles esa fuerza productiva que ya poseen.
o  Vivienda: Ahora estamos trabajando en localizar las verdaderas necesidades de vivienda, de reparación o de reconstrucción, para contactar con empresas y personas de buena voluntad que quieran colaborar con esta obra. Ya tenemos algunas respuestas positivas y estamos trabajando para que cuanto antes podamos devolver una vivienda digna a quien la haya perdido.

Bueno como veis, la vida continúa y el Señor nos pone a trabajar en su Mies a tope. Estamos poniendo alma, vida y corazón en levantar a nuestra gente pero sobre todo estamos poniendo mucha fe.

Ahora si me despido, solo me queda invitaros a colaborar en este proceso de levantar a nuestro pueblo. Cualquier colaboración por pequeña que sea puede servir para ayudar a alguno de estos proyectos. Estamos seguros que con Dios todo se puede y también estamos seguros que Dios quiere ayudar a través de vosotros. Los causes de ayuda los podéis consultar en el Secretariado de Misiones de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, o en Cáritas Diocesana o en el Obispado.

Recibid todos, un afectuoso y caluroso saludo y que Dios os bendiga siempre y María Santísima os proteja.

Unidos en la oración.

Pbo. Andrés Drouet Salcedo.


Desde Misiones, os trasladamos algunas propuestas de colaboración. Virelay, Capilla de Música de la Cateral de Cádiz y Coro y la Coral de la UCA, ofrecerán el 22 de junio un concierto solidario a las 20'30h en la Parroquia de San Antonio (Cádiz).

También sabemos que habrá gaditanos que se trasladarán este verano a Ecuador y llevarán las maletas llenas de solidaridad.

Oramos por los misioneros diocesanos en los Monasterios de clausura.

Written By MISIONES DIOCESANA de CÁDIZ y CEUTA on 7 jun. 2016 | 12:54

Iniciamos las oraciones por los misioneros diocesanos del mes de junio en el Monasterio del Corpus Christi y San José (Cádiz).

Junto a las Hermanas Carmelitas Descalzas, y voluntarios de la delegación de misiones, rezaremos Vísperas por todos los misioneros gaditanos, y "seguido se tendrá un rato de oración sobre nuestro Dios Misericordioso".

"Todo bautizado está llamado a dar testimonio del Señor Jesús proclamando la fe que ha recibido como un don." papa Francisco.
 
Daremos comienzo a las 19'00hs. Los misioneros cuentan con nosotros. Agradecen nuestro esfuerzo en la oración.

¡¡¡ Vente a rezar por los misioneros diocesanos !!! 

Nota: El domingo 19, lo haremos en el Monasterio de Ntra. Sra. de la Piedad, de las Hermanas Concepcionistas Franciscanas en Cádiz; y, el martes 28, lo celebraremos en el Monasterio de la Santísima Trinidad, con las Hermanas Carmelitas Descalzas, en San Fernando.

Agenda misionera para el mes de junio 2016

Written By MISIONES DIOCESANA de CÁDIZ y CEUTA on 31 may. 2016 | 13:43

OMP, MISIONEROS, AsambleaSe acerca el verano, pero el VERANO MISIONERO, ese tiempo estival en el que aún podemos adentrarnos mas en el encuentro con los otros.

El mes de junio nos sigue abriendo puertas para participar en la vida misionera diocesana. También aprovecharemos el presente post para invitaros a acciones en julio y agosto.

Pero, lo empezaremos con la intención misionera del papa Francisco para el mes de Junio: "Que los seminaristas y los novicios y novicias tengan formadores que vivan la alegría del Evangelio y les preparen con sabiduría para su misión."

Comenzamos el mes de junio, con el fin del curso de Formarción misionera, el día 2 de junio, jueves.  Se culminará con el último tema, Las comunidades eclesiales de base, fuerza evangelizadora, de la Carpeta 5ª Los caminos de la misión. Y a continuación se tendrá un espacio de revisión y programación para el curso entrante.


OMP, misioneros, Juan PiñaLos días 7, 19 y 28 de junio, oraremos por los misioneros en los Monasterios de Clausura. Tanto en Cádiz como en San Fernando. 

Para el mes de julio se nos ofrecen dos grandes oportunidades formativas:

1.- 69 Semana de Misionología en Burgos, del 4 al 7 de julio.

2.- IV Curso de Verano de Misionología, del 1 al 6 de julio:
  • Organiza la Universidad Eclesiástica San Dámaso, Facultad de Teología, la Pontificia Unión Misional de OMP, Cátedra de Misionología y Manos Unidas.
  • Contenidos: Antropología y Misión; La misión como anuncio salvífico del Evangelio; Testimonio y Misión; y La misión ad gentes en el continente europeo.
Y, en la GUÍA “Compartir la misión" encontraremos las experiencia misioneras de jóvenes en España. Son propuestas misioneras que se adaptan a cualquier agenda universitaria o laboral  para todos los jóvenes que tengan el deseo de vivir una experiencia misionera, sea durante todo el verano o durante un mes.

En nuestras redes sociales, tanto en Facebook como en Twitter, también encontraréis otras propuestas para un Verano Misionero. 

FACEBOOK: https://www.facebook.com/MisionesCadizyCeuta
TWITTER: @misionesdecadiz

"Auxiliar a las comunidades cristianas necesitadas..." IGLESIA MISIONERA, TESTIGO DE MISERICORDIA

Written By MISIONES DIOCESANA de CÁDIZ y CEUTA on 23 may. 2016 | 8:00


"Iglesia misionera,
testigo de misericordia"

MENSAJE para la 

JORNADA MUNDIAL 

de las MISIONES 2016


Queridos hermanos y hermanas:

El Jubileo extraordinario de la Misericordia, que la Iglesia está celebrando, ilumina también de modo especial la Jornada Mundial de las Misiones 2016: nos invita a ver la misión ad gentes como una grande e inmensa obra de misericordia tanto espiritual como material. En efecto, en esta Jornada Mundial de las Misiones, todos estamos invitados a «salir», como discípulos misioneros, ofreciendo cada uno sus propios talentos, su creatividad, su sabiduría y experiencia en llevar el mensaje de la ternura y de la compasión de Dios a toda la familia humana. En virtud del mandato misionero, la Iglesia se interesa por los que no conocen el Evangelio, porque quiere que todos se salven y experimenten el amor del Señor. Ella «tiene la misión de anunciar la misericordia de Dios, corazón palpitante del Evangelio» (Bula Misericordiae vultus, 12), y de proclamarla por todo el mundo, hasta que llegue a toda mujer, hombre, anciano, joven y niño.

La misericordia hace que el corazón del Padre sienta una profunda alegría cada vez que encuentra a una criatura humana; desde el principio, él se dirige también con amor a las más frágiles, porque su grandeza y su poder se ponen de manifiesto precisamente en su capacidad de identificarse con los pequeños, los descartados, los oprimidos (cf. Dt 4,31; Sal 86,15; 103,8; 111,4). Él es el Dios bondadoso, atento, fiel; se acerca a quien pasa necesidad para estar cerca de todos, especialmente de los pobres; se implica con ternura en la realidad humana del mismo modo que lo haría un padre y una madre con sus hijos (cf. Jr 31,20). El término usado por la Biblia para referirse a la misericordia remite al seno materno: es decir, al amor de una madre a sus hijos, esos hijos que siempre amará, en cualquier circunstancia y pase lo que pase, porque son el fruto de su vientre. Este es también un aspecto esencial del amor que Dios tiene a todos sus hijos, especialmente a los miembros del pueblo que ha engendrado y que quiere criar y educar: en sus entrañas, se conmueve y se estremece de compasión ante su fragilidad e infidelidad (cf. Os 11,8). Y, sin embargo, él es misericordioso con todos, ama a todos los pueblos y es cariñoso con todas las criaturas (cf. Sal 144.8-9).

La manifestación más alta y consumada de la misericordia se encuentra en el Verbo encarnado. Él revela el rostro del Padre rico en misericordia, «no sólo habla de ella y la explica usando semejanzas y parábolas, sino que además, y ante todo, él mismo la encarna y personifica» (Juan Pablo II, Enc. Dives in misericordia, 2). Con la acción del Espíritu Santo, aceptando y siguiendo a Jesús por medio del Evangelio y de los sacramentos, podemos llegar a ser misericordiosos como nuestro Padre celestial, aprendiendo a amar como él nos ama y haciendo que nuestra vida sea una ofrenda gratuita, un signo de su bondad (cf. Bula Misericordiae vultus, 3). La Iglesia es, en medio de la humanidad, la primera comunidad que vive de la misericordia de Cristo: siempre se siente mirada y elegida por él con amor misericordioso, y se inspira en este amor para el estilo de su mandato, vive de él y lo da a conocer a la gente en un diálogo respetuoso con todas las culturas y convicciones religiosas.

Muchos hombres y mujeres de toda edad y condición son testigos de este amor de misericordia, como al comienzo de la experiencia eclesial. La considerable y creciente presencia de la mujer en el mundo misionero, junto a la masculina, es un signo elocuente del amor materno de Dios. Las mujeres, laicas o religiosas, y en la actualidad también muchas familias, viven su vocación misionera de diversas maneras: desde el anuncio directo del Evangelio al servicio de caridad. Junto a la labor evangelizadora y sacramental de los misioneros, las mujeres y las familias comprenden mejor a menudo los problemas de la gente y saben afrontarlos de una manera adecuada y a veces inédita: en el cuidado de la vida, poniendo más interés en las personas que en las estructuras y empleando todos los recursos humanos y espirituales para favorecer la armonía, las relaciones, la paz, la solidaridad, el diálogo, la colaboración y la fraternidad, ya sea en el ámbito de las relaciones personales o en el más grande de la vida social y cultural; y de modo especial en la atención a los pobres.

En muchos lugares, la evangelización comienza con la actividad educativa, a la que el trabajo misionero le dedica esfuerzo y tiempo, como el viñador misericordioso del Evangelio (cf. Lc 13.7-9; Jn 15,1), con la paciencia de esperar el fruto después de años de lenta formación; se forman así personas capaces de evangelizar y de llevar el Evangelio a los lugares más insospechados. La Iglesia puede ser definida «madre», también por los que llegarán un día a la fe en Cristo. Espero, pues, que el pueblo santo de Dios realice el servicio materno de la misericordia, que tanto ayuda a que los pueblos que todavía no conocen al Señor lo encuentren y lo amen. En efecto, la fe es un don de Dios y no fruto del proselitismo; crece gracias a la fe y a la caridad de los evangelizadores que son testigos de Cristo. A los discípulos de Jesús, cuando van por los caminos del mundo, se les pide ese amor que no mide, sino que tiende más bien a tratar a todos con la misma medida del Señor; anunciamos el don más hermoso y más grande que él nos ha dado: su vida y su amor.

Todos los pueblos y culturas tienen el derecho a recibir el mensaje de salvación, que es don de Dios para todos. Esto es más necesario todavía si tenemos en cuenta la cantidad de injusticias, guerras, crisis humanitarias que esperan una solución. Los misioneros saben por experiencia que el Evangelio del perdón y de la misericordia puede traer alegría y reconciliación, justicia y paz. El mandato del Evangelio: «Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado» (Mt 28,19-20) no está agotado, es más, nos compromete a todos, en los escenarios y desafíos actuales, a sentirnos llamados a una nueva «salida» misionera, como he señalado también en la Exhortación apostólica Evangelii gaudium: «Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio» (20).

En este Año jubilar se cumple precisamente el 90 aniversario de la Jornada Mundial de las Misiones, promovida por la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe y aprobada por el Papa Pío XI en 1926. Por lo tanto, considero oportuno volver a recordar la sabias indicaciones de mis predecesores, los cuales establecieron que fueran destinadas a esta Obra todas las ofertas que las diócesis, parroquias, comunidades religiosas, asociaciones y movimientos eclesiales de todo el mundo pudieran recibir para auxiliar a las comunidades cristianas necesitadas y para fortalecer el anuncio del Evangelio hasta los confines de la tierra. No dejemos de realizar también hoy este gesto de comunión eclesial misionera. No permitamos que nuestras preocupaciones particulares encojan nuestro corazón, sino que lo ensanchemos para que abarque a toda la humanidad.

Que Santa María, icono sublime de la humanidad redimida, modelo misionero para la Iglesia, enseñe a todos, hombres, mujeres y familias, a generar y custodiar la presencia viva y misteriosa del Señor Resucitado, que renueva y colma de gozosa misericordia las relaciones entre las personas, las culturas y los pueblos.

Vaticano, 15 de mayo de 2016, Solemnidad de Pentecostés

Papa Francisco

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